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Un curso para avanzar en los retos en la acción caritativo social

Durante el pasado curso se profundizó en los importantes cambios que se están produciendo hoy y  que supone para la acción caritativa y social de la Iglesia. Recordamos algunos de los retos más relevantes a los que Cáritas Diocesana de Valladolid intentará dar respuesta en el nuevo curso.

1. Afrontar las realidades sociales con mirada profunda y fantasía creadora.

Los cambios que se producen en el contexto de una globalización creciente no solo afectan a lo social, sino también a lo cultural y político, y resultan cada vez más rápidos.

El primer reto que se nos plantea en la acción caritativa y social de la Iglesia es descubrir los nuevos rostros de los pobres y, a partir de ahí, tener la capacidad creadora de dar respuestas novedosas, innovadoras y significativas que visibilicen que es posible organizar la sociedad y la misma caridad de otra forma.

2. Fortalecer la animación comunitaria y cuidar a los agentes.

Hay que insistir en algo que decimos mucho pero no acabamos de conseguir: la caridad es tarea de toda la Iglesia. Es tarea de cada fiel y es tarea de toda la comunidad. Tenemos el reto de recuperar el sujeto eclesial de la caridad: la comunidad.

Y para ello hay que superar dos tendencias:

  1. La disociación “Cáritas sí, la Iglesia no”, por la que no se reconoce que el servicio que presta Cáritas es un servicio de la Iglesia.
  2. La disociación entre culto y caridad. Eucaristía y Caridad están íntimamente unidas. Donde hay Eucaristía debe haber Cáritas, y donde hay Cáritas debe haber Eucaristía.

Recuperar el sujeto de la caridad implica dos tareas fundamentales:

  • Cuidar de los agentes, su acompañamiento y formación, tanto técnica como del corazón.
  • Implicar a toda la comunidad, y por tanto, es necesaria la sensibilización, la información y la creación de diferentes cauces de participación para que la comunidad se sienta la responsable de la caridad.
3. Cultivar una sólida espiritualidad y profundizar en la dimensión evangelizadora de la caridad.

El fundamento de la caridad es una sólida espiritualidad. Es el Espíritu del Señor el que motiva, mueve, impulsa y orienta el servicio de la caridad.

Es una espiritualidad que tiene unas características propias: trinitaria, encarnada, de ojos y oídos abiertos a los pobres, de la ternura, de la gracia, transformadora, pascual y eucarística.

Además de esa espiritualidad que da fundamento y consistencia a la acción caritativa, es necesario profundizar en el sentido de la misma, que no es otro que ser testimonio del amor del Padre-Madre Dios en medio del mundo, en especial de los empobrecidos. Es decir, evangelizar  los pobres y levantar a los oprimidos. Y evangelizar en el campo de lo social es acompañar, trabajar por la justicia y denunciar la injusticia, ejercer una caridad más profética y hacer un anuncio explícito de Jesús cuando tengamos oportunidad, pues la pobreza más honda es la ausencia de Dios.

4. Ser una Iglesia pobre que apuesta con decisión por los más débiles y pobres.

Los pobres, en el sentido más amplio del término, no son simplemente los destinatarios de nuestra acción. Son también partícipes, sujetos activos y protagonistas en el proceso de su propio desarrollo y de la transformación de la sociedad.

Hay que dar a los pobres el lugar que les pertenece y escucharles. Queremos trabajar con los pobres y desde los pobres, apostando por espacios no rentables y acciones significativas, lo que supone ver la realidad desde el lugar del pobre y desde ahí definir criterios, actitudes y prioridades y configurar nuestros proyectos personales, pastorales y sociales.

La celebración de la Jornada Mundial de los Pobres es un hito importante en este camino para conseguir que los pobres sean, no solo los destinatarios de nuestro servicio, sino el motivo de nuestro compromiso y configuradores de nuestro ser y hacer.

5. Promover una caridad al servicio de un desarrollo humano integral.

La caridad no es dar. La caridad es encuentro con el otro, acogida y acompañarle en su propio desarrollo. Claro que hay que atender las necesidades materiales, pero además hay que ayudarle en su desarrollo personal integral: intelectual, moral, social, espiritual y religioso.

El amor que permite descubrir las carencias y necesidades del otro, nos hace también ser conscientes de las capacidades y posibilidades que también tiene. Entonces el servicio de la caridad consiste en ayudar al otro a ser, a crecer, a desarrollarse en todas sus dimensiones humanas.  En definitiva, un desarrollo integral que une cuerpo y alma, dimensión individual y comunitaria, lo personal y lo social.

6. Trabajar por la justicia y transformar las estructuras que generan pobreza.

La primera exigencia del amor es la justicia. No podemos dar a los pobres por solidaridad aquello a lo que tienen derecho por justicia. Pero la caridad cristiana va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo ‘mío’ al otro.

Como nos recuerdan nuestros obispos en Iglesia servidora de los pobres, n. 40 “la Iglesia nos llama al compromiso social, transformador de las personas y de las causas de las pobrezas, que denuncie la injusticia, que alivie el dolor y el sufrimiento, y sea capaz también de ofrecer propuestas concretas que ayuden a poner en práctica el mensaje transformador del Evangelio y asumir las implicaciones políticas de la fe y de la caridad”.

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Elaborado a partir de la publicación de Cáritas Española: “Retos que se nos plantean en la acción caritativa y social”, número 10 de la colección Pensamiento en acción, con la que podemos profundizar en el tema

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